Como escribir un relato erotico ?

Historias Eroticas

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En esta ocacion, Lisandro, nos ha enviado una exclente guia de como escribir un relato erotico:

como escribir una historia erotica

En los distintos sitios, he observado muchos relatos eroticos, escritos más con voluntad que conocimiento y este no implica sapiencia, sino ordenar las ideas sobre lo que se quiere contar, pensando cómo transmitirlo al lector sin que parezca una síntesis entrecortada de un buen polvo.

Primero, sea ficción o verdad, a esta hay que adornarla con detalles morbosos que conciten la atención e imaginación de lector y en la otra dejar volar la imaginación de cómo uno lo haría personalmente; segundo, no hay que ser tan directo como en una mala película porno donde ya se encuentran instalados en la cama y lo único que se ve es la felación o la penetración y a veces una sodomía que, si no tienen el condimento del mínimo detalle y expresiones faciales de sus protagonistas, resulta tan idéntica, repetida, común y aburrida como todo en el sexo.

Partamos entonces de una idea imaginaria y tomemos por ejemplo a una mujer, determinemos su edad de acuerdo a la opulencia física que queramos otorgarle o experiencia sexual que debe poseer, busquémosle una ubicación social, ubiquémosla en ella, establezcamos -de acuerdo a lo que tenemos pensado- si es soltera, casada o viuda, insatisfecha, abstinente o simplemente gustosa de aventuras.

Pensemos un sitio donde pueda darse esa relación, inesperada o buscada, creemos un clima de seducción y para llegar al momento culminante que terminará en lo físico, démosle un juego previo que normalmente solemos practicar con quienes no son unas simples busconas, juguemos con descripciones de labios lenguas, salivas y caricias, contemos detalladamente las cualidades de los senos, el vientre toda la zona erógena y finalmente la vulva y la riqueza de su contenido.

Luego y de acuerdo a nuestra experiencia propia o lo visto en videos, describamos el momento de la penetración con toda minuciosidad, desde lo físico o lo que experimenta cada uno de los protagonistas, alarguemos la concreción de las cosas, cuestión de que cuando sucedan, sean todo un acontecimiento para lo protagonistas, para  nosotros y especialmente para el lector, que es nuestro destinatario.

Con la computadora, no es necesario ser un experto en lingüística ni mucho menos y enriquezcamos nuestro vocabulario limitado por lo cotidiano, con el uso del diccionario instalado de sinónimos, la ortografía y la gramática o finalmente, recurramos al diccionario de la Real Academia que es un excelente referente sobre costumbrismos de otros países como el mío -Argentina-.

Jueguen con las ideas, no vayan al grano directamente, piensen y proyecten en otros sus fantasías, tanto si son mujeres como hombres, traten de poner en su mente cómo actuaría un integrante del sexo opuesto ante esas situaciones, qué experimentaría, si son hombres, qué les gustaría que hiciera una mujer y viceversa, sean imaginativos y tengan en cuenta que excita más lo indirecto que lo brutal, esto es, eviten nombrar las cosas por su denominación popular y grosera, la grosería no se lleva de la mano con lo sexual sino en lo más íntimo de nuestra mente.

Si no tiene conocimiento del nombre de ciertas partes del cuerpo humano, internet te brinda hasta el hartazgo ese material en la parte de anatomía médica, con disfunciones y reacciones glandulares u hormonales, sólo hay que saber buscar, ilustrarse y utilizar.

No soy un escritor en esencia, pero sí he capitalizado las formas de construcción de lo leído, me enorgullezco de mi variado lenguaje y casi todo lo que he escrito, ha sido ficcionado desde el conocimiento de las relaciones non santas de terceras personas, vecinos, parientes y otras, que imaginamos en compañeros laborales por su comportamiento y también algunas innombrables por mi proximidad familiar, pero ciertas sí, son de relaciones directas de las que me regodeo al describirlas, ya que manifiestan mi grado de perversidad al momento de ejecutarlas y eso forma parte indisoluble del secreto sadomasoquista que llevamos dentro aun sin saberlo.

Diviértanse, jueguen con palabras y situaciones, escriban y rescriban, reléanlo unos días después y, seguro, modificaran muchas cosas, eliminarán el exceso de comas, se darán cuenta que han ido cambiando el tiempo del suceso, llevándolo del pasado al presente y, si se les ocurre poner todo en primera personal del presente, se encontraran con el serio obstáculo qué es mantener la fluidez y por el otro no poder describir las sensaciones y pensamientos del otro.

En fin, esa es mi colaboración, porque veo buenas intenciones y ciertas puntas interesantes pero que están más resueltas…Suerte…Lisandro

Relato Erotico I

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Comenzando apenas a conocerla, notó que era de esas mujeres que siente con toda la piel y disfruta de los prolegómenos tanto o más que del acto en sí, por lo que aceptó las reglas tácitas del juego y se sumergió en aquel cuerpo suave y ligeramente perfumado, para explorarlo centímetro a centímetro con los ojos, con las yemas de los dedos, con los labios, con los dientes, con el peso todo de su cuerpo abriéndose camino entre la mente femenina, compleja, entreverada, volátil e intensa.

Poco a poco fue encontrando los puntos exactos que la hacían temblar, contener el aire y soltarlo en ruidosas bocanadas, entre labios tensos y dientes apretados. Besó suavemente sus labios y sus párpados semi cerrados entregados a un placer anticipado, recorrió con la punta de su lengua el lóbulo de sus orejas pequeñas y bien formadas, y notó cómo su cabeza se inclinaba ligeramente, inconscientemente, dejando expuesto su cuello incitador. La respuesta fue inmediata y avasallante al masajearlo con labios y lengua, por lo que se quedó allí largo rato, llevándola al paroxismo.

Muchos minutos después bajó hasta su pecho; acurrucándose entre sus senos como un lactante, se asió a uno de los pezones con la vehemencia del que no fue amamantado. El pequeño botón de placer se inflamó duplicando su tamaño, triplicando su color, cuadruplicando su capacidad de sentir un goce sin límites. Ella jadeaba y se estremecía como si fuera penetrada, y en efecto lo estaba, en lo más profundo de su mente, allí… donde en realidad se fabrican los más intensos orgasmos…

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Pudo haberla penetrado en ese momento, de hecho se moría por hacerlo, pero sabía que esa noche el juego era otro, con otras reglas y otros resultados. Se arrodilló frente a ella y tomó cierta distancia para contemplarla absorta, lejana, totalmente entregada a las terapias amatorias. Le encantaba verla disfrutando, pero mejor le hacía sentir el hecho de saber que era él quien le proporcionaba semejante placer.

Bebió un poco de agua y salpicó algunas gotas sobre el vientre desnudo de su compañera, que se agitaba sobre el colchón. El contraste del frío líquido sobre la piel hirviente, unido al volcán de deseo que bullía más adentro, en sus entrañas, le produjo espasmos incontrolables. Él se apresuró a secarla con su mano grande y laboriosa, y se le ocurrió tocar el hoyuelo prohibido de su ombligo, intocable por alguna extraña y desconocida razón. Lo que también desconocía era que en este nuevo juego, con nuevas reglas y nuevos resultados, tocar el ombligo de su mujer ocasionaría en esta oportunidad un ardor desatado, intenso e inexplicable, como si la penetración de la punta de aquél dedo índice se extrapolara al pene en su vulva, a la lengua en su boca, al amor en su corazón…

Inusitadas sensaciones, tal vez irrepetibles, inundaron el cuerpo de aquella mujer tendida en la cama sin otro contacto físico que el dedo de su amante en el mero centro de su anatomía… La lujuria restante fue expulsada en un vapor húmedo que invadió todo su cuerpo, dejando un rastro empapado con la forma de su cuerpo sobre el colchón.

Como si no hubiese sido suficiente tanta dedicación y tanto detalle, él la tomó de las manos, la sentó frente a él, cuerpo con cuerpo y la rodeó con brazos y piernas, con una ternura infinita, aireando su espalda mojada y acomodando sus cabellos desordenados. Ella jamás olvidó aquel juego en el que nadie apostó y todos ganaron…

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